jueves, 15 de enero de 2015

LAS MARGARITAS NO DUDAN


    El chico ha reunido todo el valor del mundo para decirle que la quiere. Ella lleva en las manos una margarita a la que pregunta -¿Me quiere o no me quiere?- Un golpe de azar hace de la rueda de pétalos una mala consejera y abrupta, habla a través de la voz temblorosa de la chica
 -No me quiere-
Él se queda solo en el banco preguntándose qué podría haber hecho para que ella no necesitara de una flor que disipara sus dudas. La culpa le vuelve huraño y desconfiado. A partir de entonces pisoteó todas las margaritas. También pisoteó a todas las chicas. Odió el blanco y el amarillo. Odió las manos que arrancan flores y la probabilidad y de paso las matemáticas.
Así veinte años. Y sin embargo, la pregunta seguía entre sus dos interrogaciones, estática, persistente, obsesiva -¿Qué podría haber hecho para que ella no necesitara de una flor que disipara sus dudas?-
Determinado, fue a verla y pidió que le concediese un instante. Ella, insegura, preguntó al vacío del pasillo -¿Puedo o no puedo?- La voz de un hombre respondió -No puedes-
Ahora que tenía un marido, no le hacían falta flores. La puerta cayó como un pétalo que decide y él tuvo, al fin, su respuesta. 

María Fraile

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